Tony Pérez
Por Tony Pérez
Una bandera falsa sobre proyectos de “minería responsable” que llevarán “bienestar general” a la gente de las provincias de Santiago y San Juan han levantado las empresas mineras canadienses Unigold Inc. y GoldQuest Mining Corp, que pretenden explotar oro, cobre, plata y otros metales en las cordilleras Central y Septentrional, vitales fuentes de agua y equilibrio medioambiental.
Lo mismo hace el Gobierno con el anuncio de un contrato con una empresa estadounidense para construir una “plataforma aeroespacial comercial” en Oviedo, y la evaluación de las tierras raras de Pedernales (minerales críticos para las tecnologías de punta), intervenidas a espaldas de la comunidad hace al menos cinco años por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos, en las narices y hasta en las entrañas del Parque Nacional Sierra de Bahoruco.
De acuerdo con el libreto escenificado, subyace una idea tan falaz como macabra: la gente que vive en esos pueblos es ignorante y acatará ciegamente la viabilidad de explotación pregonada desde las urbes por personas escogidas como líderes de opinión nacionales. Y quienes reclamen son vulnerables ante ofertas de unos cuantos pesos.
De ahí que la narrativa mediática, a ratos, roce el desprecio hacia los manifestantes locales y hasta evidencie chantaje al gritarles términos hirientes y reclamar al Gobierno que no invierta en tales provincias.
No han valorado, sin embargo, que en el inconsciente de esas comunidades tranquilas subyace un viejo espíritu de resistencia, producto del orgullo por las luchas en sus territorios a favor de una República Dominicana soberana.
El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, en lo manifiesto, ha apelado a la calma hasta que se realicen los estudios de impacto ambiental. Busca enfriar el hervidero de protestas. Una posición nada inocua.
En el nivel obtuso de su discurso se percibe una aceptación de la explotación, pese a que las comunidades objetivo sostienen que tales operaciones dañarán ríos y acuíferos. Entre el oro y el agua, prefieren lo último.
En realidad, esa institución se canta y se llora: determinante y cortante para unos; mano suave y cautelosa para otros.
Ha sido implacable con la iniciativa de santiagueros (norte) y sanjuaneros (suroeste) sobre la construcción de una carretera que los una por la cordillera Central para evitar largas horas de viaje y agilizar el comercio entre el Cibao y el suroeste. Alega que dañará el ecosistema.
Ha sido implacable con inversionistas que planearon un ambicioso proyecto turístico e inmobiliario frente a la deslumbrante playa Bucanyé, en la ciudad de Pedernales, a cargo de inversionistas ligados al partido oficialista, el Partido Revolucionario Moderno.
Ni siquiera hubo negociación para concretarlo conforme a parámetros aceptables, con el menor impacto posible, similar a la ocurrida con el complejo turístico Cabo Rojo (los hoteles tendrían seis pisos, no cuatro; la terminal de cruceros tendría al menos dos espigones, pero quedó en uno).