Juan López
Por Juan López
En atención a los resultados de las pasadas elecciones (2020 y 2024) y la actual coyuntura política, las recientes declaraciones del expresidente Danilo Medina, líder del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), fueron correctas y oportunas. Textualmente, dijo:
“Realmente no me imagino a qué se debe, pero la gente no puede ser tan estúpida de creerse que en el PLD sufrimos del síndrome de Estocolmo, que nos enamoramos de nuestros verdugos. Que nadie, absolutamente nadie, sueñe con el PLD. Y menos los que aplicaron la operación tijera para destruirlo”.
“Aquí hemos dicho claramente muchas veces que, por el momento, todo el que quiera apoyar al PLD de cara a las elecciones de 2028, las puertas están abiertas. Pero que nadie espere que el PLD le va a endosar su fuerza a ningún partido”.
Aunque parece una declaración prepotente, consideramos que el líder peledeísta fundamentó su categórico planteamiento en estas experiencias políticas y electorales:
1.- En la historia electoral de la democracia dominicana, todos los partidos que han ganado elecciones han contado con partidos aliados, incluso entre partidos que, en determinados momentos, eran totalmente antagónicos.
2.- Los cinco triunfos del PLD son ejemplos palmarios: el PLD materializó alianzas con varios partidos, hasta con sus principales adversarios. Ahí están las aleccionadoras e históricas alianzas PLD-Leonel con Partido Reformista Social Cristiano-Joaquín Balaguer, y PLD-Danilo con Partido Revolucionario Dominicano-Miguel Vargas Maldonado. En los comicios de 2016, el PLD formó un bloque, aliándose con 16 partidos diferentes, gracias a lo cual obtuvo un contundente triunfo con el 61.74 %.
3.- En las elecciones de 2024, por primera vez, el PLD participó sin aliados a nivel presidencial. ¡Perdió; un tsunami político lo arrasó! Quedó en un lejano tercer lugar, obteniendo un disminuido 10 %. En 2024, el PLD solo hizo huraños acuerdos para algunos cargos municipales y congresuales con Fuerza del Pueblo y el Partido Revolucionario Dominicano, a través del proyecto “Alianza Opositora Rescate RD”, que no llegó a cuajar.
4.- La actitud de Danilo Medina consiste en esperar los resultados de la consulta que el PLD realizará el próximo 18 de octubre para identificar al peledeísta que asumirá la candidatura presidencial, lo cual es lógico y políticamente correcto por estas razones:
a) Dar una buena demostración de “unidad y fortaleza con los resultados de dicha consulta”, lo cual le permitirá negociar en mejores condiciones.
b) Quien resulte ganador de la consulta adquiere derechos para participar en dichas negociaciones, en calidad de potencial candidato presidencial.
Entonces, y solo entonces, el PLD, en atención a su conveniencia y propósitos políticos, definirá sus estrategias electorales, entre las que tendrá primacía todo lo relacionado con las posibles alianzas electorales.
Nuestra reflexión se basa en la positiva percepción que tenemos de los líderes del PLD:
a) Quieren aprovechar esta coyuntura para crecer y cohesionar la unidad de su partido.
b) Utilizar su amplia experiencia en las lides políticas y su vocación de poder para correr hacia el triunfo electoral de 2028.
c) Materializar las alianzas que les propicien las mejores condiciones para sus propósitos y estrategias en la lucha por volver al poder.
Esas declaraciones de Danilo Medina son pertinentes en ese contexto; están dirigidas hacia la dirigencia peledeísta, y se interpretan como:
“¡Compañeros, no desesperen, controlen sus emociones; en el momento oportuno hablaremos de alianzas en las condiciones que más nos favorezcan!”.
Así las cosas, tanto los dirigentes del PLD como los de la Fuerza del Pueblo tienen que asumir la conducta política apropiada a la actual coyuntura: por separado, cada partido debe continuar haciendo su trabajo para crecer y, como partidos de oposición, implementar líneas de acción en dos direcciones:
Contactos permanentes para continuar conquistando simpatías en la población y dinamizar los cuestionamientos a las erráticas y populistas gestiones del gobierno del Partido Revolucionario Moderno-Luis Abinader, caracterizadas —según el texto— por malas ejecutorias gubernamentales, improvisaciones, incapacidad, derroches, corrupción y prepotencia política. Luego, a inicios de 2027, definir las estrategias de alianzas que fueran posibles para garantizar el triunfo de la oposición.
Obviamente, esas estrategias deben focalizarse en las elecciones municipales que se realizarán primero (20 de febrero de 2028), bajo la consigna: ¡Sin febrero no hay mayo!
Es decir, para ganar la Presidencia y la mayoría congresual en mayo, es imprescindible tener una participación exitosa en las elecciones municipales, ganando en la mayoría de las 160 alcaldías de los municipios y en los 233 distritos municipales, lo cual sería un excelente trampolín para avanzar hacia el triunfo en las elecciones presidenciales de mayo de 2028.
En esta reflexión interpretamos las declaraciones del expresidente Danilo Medina, dirigidas a los peledeístas y, de carambola, a los dirigentes de la Fuerza del Pueblo. En su momento, el PLD trabajará en alianzas electorales de cara a 2028. Por eso, las valoramos como pertinentes y estratégicas.