Manuel Martínez
Por Manuel Martínez
Mientras el país se debate entre la improvisación y la necesidad de superar un modelo económico que ya no da para más, la discusión sobre el futuro de la República Dominicana empieza a moverse hacia el único terreno que realmente cambiará las cosas: el conocimiento.
De cara a 2028, Leonel Fernández ha venido poniendo la tecnología, la ciencia y la inteligencia artificial en el centro de una propuesta que busca mirar más allá del día a día. Su punto de partida es sencillo: la tecnología no es un enemigo al que hay que tenerle miedo, sino una herramienta que debemos aprender a dominar. Pero hablar de tecnología no es solo hablar de computadoras o programas. La pregunta verdadera es otra: ¿para qué quiere República Dominicana usar estas herramientas y qué tipo de país queremos construir con ellas?
Como comunicador visual y profesor universitario, veo este cambio desde una profesión que también se está transformando por completo. La inteligencia artificial ya no solo cambia la rapidez con la que se hace un trabajo; está llenando todo de imágenes hechas en segundos. Hoy cualquier persona puede apretar un botón y sacar una imagen atractiva, pero llenar el mundo de imágenes no significa comunicarse mejor. Al contrario: nos expone a un desorden visual donde casi nada tiene sentido.
Para quienes trabajamos en esto, el reto no es rechazar las computadoras ni volvernos esclavos de ellas. El reto es defender lo que le da valor al trabajo humano: la idea, el criterio y el propósito de lo que se comunica. La tecnología puede hacer el trabajo técnico por nosotros, pero no puede pensar por nosotros, ni entender nuestra cultura, ni saber lo que es correcto o no.
Cuando la técnica se vuelve accesible para todos, la única diferencia que prevalece es el pensamiento.
Una economía que cree oportunidades, no que solo se administre
Leonel Fernández ha propuesto una meta clara: duplicar el tamaño de la economía dominicana en los próximos diez años, apoyándose en la ciencia, la tecnología y las industrias que generan verdadero valor. Su argumento se apoya en su propia experiencia de gobierno, recordando que durante sus gestiones la economía nacional pasó de unos 18,000 a 65,000 millones de dólares.
La fórmula que plantea no busca que el Estado lo haga todo, sino que trabaje junto al sector privado: el Estado garantizando reglas claras, seguridad y facilidades, y las empresas invirtiendo, produciendo y creando puestos de trabajo. Pero la discusión no se puede quedar en cuánto crece la economía en los papeles. La pregunta que importa a la gente es qué significa ese crecimiento en su vida diaria.
Vender más o producir más solo tiene sentido si se traduce en mejores salarios, en empleos de mayor calidad y en la oportunidad real de que la gente progrese. Convertir a la República Dominicana en un país basado en el conocimiento no es una cifra bonita en un informe; es cambiar la forma en que producimos, educamos y preparamos a nuestra gente.
La educación es el punto de partida
Es en la educación donde esta idea se pone a prueba. Leonel Fernández advierte algo básico: llenar las escuelas de computadoras o internet no garantiza, por sí solo, que los estudiantes aprendan más. Si usamos la tecnología antes de tiempo, podemos terminar debilitando la mente de los jóvenes si primero no les enseñamos a leer bien, a entender lo que leen y a pensar con cabeza propia.
El riesgo no es solo que las máquinas reemplacen a los trabajadores, sino que profesionales de otros países que sí aprendieron a pensar y a usar la tecnología vengan a ocupar los puestos que los nuestros no puedan asumir. Si un estudiante puede pedirle una respuesta rápida a un celular, pero no entiende lo que lee, no sabe analizar la información ni sabe si la respuesta está bien o mal, la tecnología, en lugar de ayudarlo, lo termina volviendo más perezoso para pensar.
Por eso, la propuesta habla de algo más profundo: volver a las bibliotecas escolares, fortalecer la lectura y las matemáticas, actualizar lo que se enseña en las aulas y preparar profesores bien capacitados. También plantea poner reglas claras para que el uso de la tecnología sea ético, proteja los datos de la gente y tenga siempre supervisión humana.
Para poder usar la tecnología del futuro, primero tenemos que fortalecer lo único que ninguna máquina puede hacer por nosotros: aprender a pensar.
Tecnología que llegue a todos
Esta visión tampoco se queda dentro del país. En sus intervenciones internacionales, Leonel Fernández ha defendido que el avance tecnológico debe llegar a todos por igual y no servir para que los países ricos o unos pocos se queden con todo mientras los demás se quedan atrás.
Un país pequeño como el nuestro no puede enfrentar estos cambios solo. Pero que la tecnología sea para todos no significa regalar aparatos; significa darle a la gente la educación necesaria para entenderla, las oportunidades para usarla y la economía para vivir mejor de ella. De nada le serviría a la República Dominicana estar conectada a las redes más avanzadas si la mayoría de su gente no tiene el conocimiento necesario para sacarle provecho.
La brecha tecnológica es, al final del día, un problema de justicia social.
En el terreno político, la propuesta busca marcar una diferencia clara frente a un gobierno que, como señala el propio Leonel Fernández, perdió el impulso y vive resolviendo el día a día sin saber hacia dónde va. Su planteamiento busca presentarlo como el estadista que ya gobernó, que conoce el Estado por dentro y que ahora quiere enfrentar los nuevos tiempos con las herramientas de hoy.
Sin embargo, el verdadero valor de esa propuesta no puede ser únicamente lo que se hizo en el pasado. El reto es demostrar que esa experiencia sirve para construir el futuro. Gobernar en esta nueva época no será simplemente administrar mejor lo que ya existe. Habrá que entender los cambios que vienen, adelantarse a sus consecuencias y preparar a la población para que sea parte del progreso y no se quede mirando desde afuera.
Leonel Fernández lo ha dicho en una frase sencilla: “Solo el conocimiento podrá transformar a la República Dominicana”. Ahí está la clave de todo. El conocimiento no es solo para producir más cosas; es para pensar mejor, tomar mejores decisiones y abrirle las puertas a toda la sociedad. La tecnología puede acelerar el viaje, pero la educación es el único motor que puede ponerlo en marcha.
Por eso, el reto no es solo crecer por crecer. Es crecer con conocimiento, educar para la vida y usar la tecnología para que las oportunidades le lleguen a más dominicanos.
Si el 2028 va a ser algo más que una simple fecha de elecciones, debería ser el momento en que el país decida qué lugar quiere tener en el mundo que viene.
Primero hay que pensar. Después, votar.