Los Defensores

Trump, el señor de la guerra

Carlos Julio Báez Evertsz


Por Carlos Julio Báez Evertsz

El bombardeo de Trump y Netanyahu contra Irán constituye, a mi juicio, otro acto de desprecio absoluto al Derecho Internacional y a la Carta de la ONU. Refleja una política exterior que muchos consideran alejada de los principios que históricamente Estados Unidos ha dicho defender.

Se actúa sin complejos, como si la violación de normas y derechos ajenos se convirtiera en un comportamiento habitual. “Por sus hechos los conoceréis”. Muchos votantes creyeron la promesa de Trump de que no impulsaría nuevas guerras. Sin embargo, sus decisiones militares —según sus críticos— han implicado altos costos económicos y políticos.

Mientras tanto, se señala que el expresidente ha incrementado considerablemente su fortuna durante su paso por el poder. Para algunos, esto refuerza la percepción de que actúa más como un empresario que como un hombre de Estado, priorizando intereses económicos sobre consideraciones geopolíticas o humanitarias. Como ejemplo, se menciona su propuesta de convertir Gaza en un complejo turístico como parte de su “solución” al conflicto.

Más allá de la indignación personal que pueda generar esta situación, preocupa el círculo vicioso de violencia, abusos y desprecio de normas internacionales, que suele afectar principalmente a los sectores más vulnerables, mientras las grandes fortunas continúan creciendo.

Surge entonces una pregunta de fondo: ¿cuándo comprenderán los sectores trabajadores y las clases medias afectadas por la globalización y por políticas económicas que encarecen la vida, que sus problemas no se resolverán enfrentándose entre sí, sino cuestionando estructuras más amplias de poder?

Los discursos demagógicos, cargados de simplificaciones y prejuicios, suelen ofrecer respuestas binarias a problemas complejos. Las promesas de campaña pueden convertirse en herramientas para captar votos sin un compromiso real de cumplimiento. En tiempos de necesidad y frustración, estos mensajes encuentran terreno fértil.

Sin embargo, la historia demuestra que muchos ciudadanos son capaces de rectificar y revisar sus creencias. Algunos analistas ya hablan de un posible giro en sectores que anteriormente respaldaron a Trump.

Desde esta perspectiva crítica, la ofensiva contra Irán podría interpretarse como una imprudencia política basada en información parcial o interesada. La movilización de fuerzas y la escalada militar habrían estado planificadas con antelación, mientras las negociaciones diplomáticas eran vistas por algunos como un simple trámite.

Irán, con una larga tradición histórica y un fuerte sentimiento nacional, difícilmente aceptaría una rendición sin resistencia. Aunque se afirma que no posee armas nucleares, sí ha desarrollado capacidades misilísticas avanzadas, lo cual genera preocupación en sus adversarios.

Quienes critican la política exterior occidental recuerdan precedentes como Irak, Libia, Siria y Líbano, países que, tras intervenciones y cambios de régimen, atraviesan situaciones de gran inestabilidad. Temen que un escenario similar en Irán derive en mayor caos y subordinación externa.

Irán, por su parte, ha resistido más de cuarenta años de sanciones y presiones internacionales, así como una guerra prolongada con Irak en los años ochenta.

Bombardear desde el aire es una cosa; ocupar y estabilizar un territorio es otra muy distinta. Si el conflicto se prolongara o se agravara, podría tener repercusiones políticas internas en Estados Unidos, especialmente en procesos electorales futuros.

En ese contexto, algunos sostienen que la estrategia más conveniente sería presentar cualquier objetivo alcanzado como una victoria política y evitar una escalada que pudiera generar costos difíciles de gestionar.